EFECTOS ADVERSOS
Las reacciones adversas a fármacos imitan con frecuencia enfermedades ordinarias. Las reacciones adversas graves tienden a afectar:
- Sistemas en los que existe una rápida proliferación celular (por ejemplo la piel, el sistema hematopoyético y el revestimiento intestinal).
- Sistemas donde los fármacos se detoxifican o metabolizan y se excretan (por ejemplo el hígado y los riñones).
Ejemplos típicos son efectos adversos como la neurólisis epidérmica tóxica, la anemia aplásica, la colitis seudomembranosa, la hepatitis y la nefritis.
Los efectos adversos, en especial los poco frecuentes, pueden ser difíciles de diagnosticar. Los médicos tienen que considerar si cualquier efecto asociado con el uso de un nuevo fármaco es causado por éste. No obstante, puesto que un profesional de la salud podría trabajar toda su vida sin ver un caso de anemia aplásica, la detección de las reacciones farmacológicas adversas comunes y no comunes requieren vigilancia por parte del paciente, el tratante, el farmacéutico y otros profesionales sanitarios.
Una reacción anafiláctica que aparece a los pocos minutos de una inyección de penicilina y se caracteriza por edema tisular, broncoespasmo y colapso cardiovascular es obviamente un efecto adverso. Es mucho más problemático detectar efectos adversos, que aparezcan sólo después de un tratamiento prolongado, o los de comienzo larvado, y es incluso más difícil detectar efectos que ocurren después de interrumpir la administración del fármaco.
Los efectos adversos que simulan una enfermedad de presentación natural son más difíciles de detectar que los que tienen rasgos característicos, y cuanto más común es la enfermedad, tanto más difícil es reconocer cualquier aumento debido al fármaco. El rarísimo defecto de la focomelia causada por talidomida fue observado enseguida por clínicos experimentados. En contraste, el aumento de riesgo de espina bífida en bebés nacidos de mujeres que utilizaban el fármaco antiepiléptico valproato sódico durante el embarazo sólo pudo ser verificado mediante estudios clínicos cuidadosamente diseñados.
Para decidir si un efecto adverso que aparece con el tratamiento se debe a éste, tiene que tenerse en cuenta su curso temporal en relación con su naturaleza y su exposición al fármaco. Un efecto adverso que ocurre antes de la exposición no puede ser causado por el fármaco. Los efectos adversos pueden aparecer:
1.
Poco después de la exposición (por ejemplo anafilaxia a la penicilina,
vasodilatación y colapso tras una inyección a la vancomicina: “el hombre
rojo”).
2.
Pocos días después de la exposición (por ejemplo enfermedad del suero
debida a la antitoxina anticobra equina, un exantema por ampicilina en pacientes
con mononucleosis infecciosa).
3.
Después de un tratamiento crónico (por ejemplo síndrome de Cushing
yatrogénico después de tratamiento crónico con glucorcorticoides).
4.
Tras la interrupción del tratamiento (por ejemplo síndromes de supresión
por benzodiazepinas o inhibidores de la recaptación de 5-hidroxitriptamina).
5.
En generaciones subsiguientes (por ejemplo focomelia con la talidomida,
embriopatía retinoide).
Ciertos
efectos adversos, como la anafilaxia y la aplasia de la médula ósea, son
efectos adversos característicos de fármacos.
La
causa de un efecto adverso reversible es con mayor probabilidad un fármaco si
dicho efecto desaparece después de interrumpir la administración del fármaco
(desestimulación) y reaparece después cuando se reinicia su administración
(reestimulación).
Tipo
de efecto
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Definición
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Ejemplos
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Aumentados,
farmacológicos |
Efectos
adversos cuya parición es conocida por la farmacología del fármaco y
dependen de la dosis. Son relativamente comunes y rara vez mortales. |
Hipoglucemia
debida a una inyección de insulina. Bradicardia
debida a antagonistas de receptores beta adrenérgicos. Hemorragia
debida a anticoagulantes. |
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Extraños |
Efectos
adversos que aparecen en forma impredecible, no están relacionados con la
dosis y tienen a menudo una elevada tasa de morbilidad y mortalidad. Son
raros. |
Anafilaxia
debida a la penicilina. Necrosis
hepática aguda debida al halotano. Supresión
de la médula ósea por el cloramfenicol. |
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Crónicos |
Efectos
adversos que sólo se presentan durante un tratamiento prolongado y no con
dosis aisladas. |
Sindrome
de Cushing yatrogénico con prednisolona. Discinesia
orofacial debida a tranquilizantes fenotiacínicos. Disfunción
colónica debida a laxantes. |
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Diferidos |
Efectos
adversos que aparecen ajenos al tratamiento, ya sea en los hijos de
pacientes tratados o bien en los propios pacientes años después del
tratamiento. |
Neoplasias
de otro tipo en pacientes tratados con agentes alquilantes para la
enfermedad de Hodgkin. Malformaciones
craneofaciales en lactantes cuyas madres han tomado isotretinoina. Carcinoma
de células claras de la vagina en las hijas de mujeres que tomaron
dietilestilbestrol durante el embarazo. |
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De
final de tratamiento |
Efectos
adversos que aparecen al dejar de tomar un fármaco, especialmente cuando
se interrumpe bruscamente (los llamados efectos de supresión). |
Angina
inestable tras la interrupción brusca de antagonistas beta adrenérgicos. Insuficiencia
suprarrenal después de interrumpir los glucocorticoides, por ejemplo
prednisolona. Convulsiones
por supresión cuando se interrumpen los anticonvulsionantes, como
fenobarbital 0o difenilhidantoina. |
Efecto adverso |
Causas
farmacológicas |
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Anafilaxia. |
Penicilinas
y otros agentes antibacterianos. Proteínas
extrañas, como estreptocinasa o suero antiofidio equino. Medios
de contraste yodados en radiología. |
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Reacciones
anafilactoides (reacciones no inmunológicas que se parecen a la
anafilaxia, pero se producen en exposición previa). |
Inhibidores
de la enzima conversora de angiotensina (angioedema). N-acetilcisteina
intravenosa (urticaria y anafilaxia). El
solvente aceite de ricino polietoxilado. |
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Enfermedad
hepática. |
Gases
anestésicos halogenados, como cloroformo, halotano y enflurano (necrosis
hepática aguda). Clorpromacina,
la píldora anticonceptiva y la flucloxacilina (colestasis intrahepática). Minociclina
(hepatitis activa crónica). |
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Enfermedad
renal. |
Fármacos
antiinflamatorios no esteroideos (nefritis intersticial aguda). Anfoterecina
(necrosis tubular aguda). Inhibidores
de la enzima conversora de angiotensina (daño vascular renal). |
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Daño
de la médula ósea. |
Los
fármacos antitiroideos carbimazol, metimazol y propiltiouracilo. Agentes
antibacterianos como cloramfenicol y cotrimoxazol. Fármacos
antirreumáticos como sales de oro y penicilamina. |
Algunos
pacientes son más susceptibles que otros a los efectos adversos de los fármacos.
Los beneficios de cualquier tratamiento tienen que ser sopesados siempre frente
a cualquier posible daño que pudieran causar. Las personas que son
particularmente susceptibles a efectos adversos son, entre otras, los fetos de
mujeres embarazadas, los pacientes con afecciones preexistentes o defectos genéticos
de enzimas y los pacientes que ya están tomando fármacos.
Mujeres
embarazadas.
El tratamiento de mujeres embarazadas (o posiblemente embarazadas) tiene que tener en cuenta el bienestar del feto y de la madre. Los fármacos teratógenos (los que se saben que causan malformación de la descendencia de las madres que los toman) deben evidentemente de evitarse. Por otra parte, todos los fármacos son potencialmente teratógenos. En consecuencia, no debería prescribirse ningún fármaco a la mujer embarazada, no importa lo inocuo que pueda ser, salvo si:
-
Existe
una clara necesidad de él y se cree que es inocuo para el feto, o
-
La
madre está tan gravemente enferma que su uso está justificado aún cuando el
feto pudiera resultar dañado.
Afecciones
preexistentes.
Las
afecciones preexistentes, como por ejemplo enfermedades hepáticas o renales,
pueden modificar el perfil de efectos adversos, ya que el fármaco puede estar
presente en el cuerpo a una concentración superior o durante un tiempo más
prolongado como consecuencia de una reducción del metabolismo o la excreción,
predisponiendo al paciente a padecer más efectos adversos farmacológicos de
tipo aumentados. Los efectos adversos de algunos fármacos también son más
comunes en pacientes con insuficiencia de órganos. Por ejemplo, es más
probable que la amilorida (un diurético ahorrador de potasio) cause
hiperpotasemia en pacientes con deterioro renal, porque la excreción de K+
ya está comprometida. Además, los depresores del SNC, como el diazepam, pueden
precipitar una encefalopatía hepática en pacientes con función hepática
gravemente comprometida e insuficiencia respiratoria en pacientes con enfermedad
pulmonar obstructiva grave que dependen del estímulo hipóxico para mantener la
ventilación.
Defectos
enzimáticos determinados genéticamente.
Estos
defectos pueden convertir la farmacoterapia en peligrosa y a veces en letal.
Estos defectos incluyen las diversas formas de deficiencia de glucosa-6-fosfato
deshidrogenasa (G6PD), que es un rasgo recesivo ligado al cromosoma X que se
manifiesta por tanto en los varones. Oxidantes como el ácido acetilsalicílico,
la primaquina y la dapsona pueden causar una intensa hemólisis en personas con
este defecto, los cuales suelen ser de origen mediterráneo, africano o del
sudeste asiático.
Las interacciones farmacológicas son un importante problema clínico. Pueden clasificarse en:
1.
Interacciones farmacéuticas, en las que existe una interacción física
o química entre dos o más fármacos antes de ser absorbidos en el cuerpo.
2.
Interacciones farmacocinéticas, en las que un fármaco modifica la
concentración de otro.
3.
Interacciones farmacodinámicas, en las que los efectos de dos fármacos
administrados juntos difieren de los de cada uno de los fármacos administrados
por separado.
Interacciones
farmacéuticas.
Las
interacciones farmacéuticas incluyen la quelación del Fe2+ por las
tetraciclinas, que hacen al sulfato de hierro y a las tetraciclinas menos
efectivos cuando se administran juntos que cuando se administran por separado, y
la precipitación del hidróxido cálcico que se produce cuando el gluconato cálcico
se inyecta en una infusión intravenosa de solución de bicarbonato sódico.
Interacciones
farmacocinéticas.
Las interacciones farmacocinéticas comprenden a las importantes interacciones que tienen lugar entre los fármacos metabolizados por el sistema enzimático del citocromo P-450 (oxidasa de función mixta) y los fármacos que inhiben el sistema enzimático. Por ejemplo, el anticoagulante warfarina, la teofilina (que se emplea en el tratamiento del asma) y el fármaco antirrechazo ciclosporina son metabolizados por el citocromo P-450. Todos ellos tienen un índice terapéutico bajo (es decir, el cociente entre la concentración tóxica y la concentración terapéutica es bajo) y, por tanto, pequeños cambios en el metabolismo pueden provocar graves efectos adversos de tipo aumentados.
Fármacos
que inhiben el citocromo P-450 son, entre otros, los agentes antibacterianos
eritromicina, cotrimoxazol y ciprofloxacino, los agentes antifúngicos
ketoconazol y fluconazol y el antagonista del receptor H2 cimetidina.
Un pequeño número de fármacos potencia los efectos del citocromo P-450 y por
tanto reduce la concentración de los fármacos metabolizados por la enzima.
Entre estos inductores enzimáticos están los anticonvulsionantes fenobarbital
y carbamazepina y el agente antituberculoso rifampicina. Las mujeres en
tratamiento anticonceptivo que toman estos fármacos necesitan dosis de estrógenos
más altas que las normales, porque de otro modo el aumento del metabolismo de
los estrógenos las dejaría sin protección frente a la gestación.
La
excreción renal de un fármaco puede estar influida por la presencia de otro.
El ejemplo clásico es la excreción de litio, otro fármaco con bajo índice
terapéutico, que puede ser inhibido por los diuréticos tiacídicos.
Interacciones
farmacodinámicas.
Los
fármacos anticolinérgicos y la levodopa se emplean para tratar la enfermedad
de Parkinson, reduciendo uno de los fármacos la actividad colinérgica y
aumentando el otro la actividad dopaminérgica. Ambos efectos tienden a mejorar
el transtorno del movimiento, aunque ambos pueden causar también alucinaciones
y delirio.